Por: Iván Apaza-Calle
Nueva España, Iberoamérica, América Latina…, tantos otros nombres para el continente de Moctezuma, Atahuallpa, Mama Ocllo o Cusi Huarcay. Dar otro nombre es negar, anular lo que es. No se trata de revisar el pasado y quedarnos ahí, no; mucho menos reproducir lo que queda de la colonización. Lo que es al pan, pan y al vino, vino. Siendo sinceros, estuvimos desorientados nombrando hipócritamente con otros nombres a algo que no representa o significa realmente. Esa es la idea central del nobel de literatura de 1998, José Saramago, en un encuentro sobre el continente saqueado. El texto “El lado oculto de la luna”, es parte de una compilación de Rosa Conde y Alfonso Gamo “Iberoamérica ante el siglo XXI” (2008).
Tomo algunas ideas que me llaman la atención, que pueden servir para generar debate y reflexionar sobre los nombres del continente que antes de la invasión, era Abya Yala, como el pueblo Kuna lo conocía y que significa tierra en permanente juventud o madurez.
¿Qué importa para muchos eso? Total. Hay quienes están orgullosos de llamarse latinoamericanos, hispanoamericanos, iberoamericanos… Y mucha gente está ocupada en ganar el pan de cada día, que cuestionar el nombre del continente. Solo unos incrédulos están interesados en cuestionar la nominación.
Saramago es uno de ellos. Cuestiona la “tutela invisible” que niega sistemáticamente las identidades de esta parte de la tierra.
En los meses recientes se habló mucho en el contexto político boliviano sobre la América Plurinacional; resurgen las demandas de los viejos indianistas del siglo pasado, quienes reivindicaban la plurinacionalidad de Bolivia, pero que no se los tomaba atención. Fueron los movimientos indianistas quienes interpelaron el carácter excluyente y colonial del Estado republicano, consecuentemente, el nombre que lleva.
“La tutela invisible”, son los nombres impuestos como Iberoamérica, Hispanoamérica, Latinoamérica que empleamos a la ligera, es la herencia o marca que aun llevamos, pero que no lo cuestionamos y que negamos por consecuencia lo que “somos”, porque la síntesis de muchos países como Bolivia, Perú, Ecuador, Chile, son las “naciones indígenas”, estas al igual que otras que se denominan “modernas”, poseen una identidad particular y características sociales, culturales y religiosas que hacen una comunidad imaginada. Saramago es claro: “Si observamos bien, en esta expresión ‘iberoamericano’ hay todavía una especie de eco colonialista, en el sentido de que cuando todos los países de aquí han conquistado su independencia, todavía tienen que resignarse, por lo visto, a que les llamen con el nombre de la potencia colonizadora”
¿De dónde salen tantos nombres? ¿Cómo lo adoptamos a ciegas? Es una imposición.
En el siglo XIX los indios nunca fueron parte de la fundación de ninguna república ni escribieron con su puño y letra la historia de aquella época sino fueron la fuerza para vencer y erigirlos, por tanto no fueron los sujetos históricos. La historia que se lee en los últimos años al bicentenario en las unidades educativas fue escrita por los colonialistas, recuérdese que el manual de historia boliviana más vendida y de consulta escolar en Bolivia viene de las manos de los partidarios del mestizaje iluso, de “la sirena y el charango”. Hay abogados del colonialismo, que construyen los hechos históricos para salvaguardar la “tutela invisible”. Los niños y los adolescentes aprenden a diario esa historia, se quedan con esa versión del pasado y lo reproducen, “’Latino’ o ‘ibero’, en mi opinión —habla Saramago— son conceptos que se imponen y que se presentan como una tutela, tutela invisible, si quieren, inconsciente por ambas partes, que no ha sido intencionada, podemos convenir, pero es lo que se desprende y miren que se desprende con mucha fuerza”
Si observamos con cautela, los viejos y los nuevos indianistas problematizaron los nombres de cada Estado, no es novedad la intensión de sustituir Bolivia por Qullasuyu, o Latinoamérica por Segundo Tawantinsuyu. Los ex colonizados demandaban y denunciaban el racismo y la exclusión en todos los aspectos de la vida social. La intensión de sustituir tiene una de sus causas en esa negación sistemática, consiguientemente, el indio construyó su propio fundamento de afirmación a partir de la historia y la política, como dejar de ser aquello que se les impuso: indio, Iberoamérica, Hispanoamérica, Latinoamérica…
Esto nos remite al tema identitario, que tiene consecuencias sociales y políticas, no es un problema nominal, sino de representatividad. Saramago es consecuente con las cosas cuando señala que, “decir Iberoamérica es seguir ignorando la existencia de la cara oculta de este continente. Me perturba mucho este asunto, no saben cómo… ¿Dónde están los indios? ¿Los pueblos indígenas son también iberoamericanos? El guatemalteco que procede y se reivindica de una etnia anterior a la llegada de los pueblos ibéricos ¿es también iberoamericano?... No sé si hay aquí indios, indígenas con conciencia clara de serlo. No hablo del mestizaje, otro concepto que habría que revisar, que ha producido algunas salidas, no hablo de indios aculturados, con una situación económica razonable. No hablo de ellos, hablo de los millones de hombres y mujeres que han sido ignorados sistemáticamente”.
No solo ignoran o se les olvida, sino los niegan… Nueva España, Iberoamérica, América Latina son la prueba de ello.

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