domingo, 5 de febrero de 2023

ALBÓ Y EL FACCIONALISMO AYMARA.Comentarios a “Desafíos de la solidaridad aymara”


Por: Iván Apaza-Calle



La obra es un análisis a partir de los datos obtenidos en investigaciones anteriores, estudia de manera general los temas de la solidaridad y faccionalismo en la cultura aymara. Albó se inserta en el análisis del sentido comunitario, las cualidades de las instituciones, las dinámicas bajo el cual se dan las acciones del aymara y las decisiones a partir de la relación/ligadura “comunidad-individuo”. A partir del estudio sobre el aymara comunitario deriva otro sentido: el individualista dentro de la política intracomunitaria, en las instituciones de reciprocidad y el individualismo de grupo lo que produce una competitividad. 


El faccionalismo aymara es estudiado en niveles y tipos que concluyen muchas veces en la fusión de comunidades y pueblos nuevos. Comunitarismo, individualismo y faccionalismo son tres temas que según el autor son la “paradoja aymara” a nivel estructural de la cultura estudiada. La tesis central de la obra es: En el comunitarismo, en la solidaridad aymara coexiste un individualismo interno que deriva en el faccionalismo, que se mantiene fuerte o débil, según la potencia de articulación con la elite dominante.  


“Desafíos de la solidaridad aymara”, es una aproximación teórica que trata de “mostrar la coherencia interna dentro de la cultura aymara, de la coexistencia de un sentido fuerte de grupo y un fuerte divisionismo”, sin embargo, como advierte el autor, “en el planteamiento faltan desarrollar aun muchas dimensiones aquí solo insinuadas como la histórica, la psico-social, la relación con no-aymaras”


La paradoja aymara consiste en lo siguiente: el aymara tiene un fuerte sentido de grupo, pero a la vez tiene un individualismo que pueden evidenciarse en su esquema cultural: faccionalismo interno como en el ciclo familiar, socio-político, religioso.  A la vista de un extranjero, la comunidad es vista como comunitaria y los comunarios frente al extranjero muestran ese sentido colectivo, pero dentro de ellos se denota una mutua desconfianza.


Albó una vez establecida la tesis, describe al aymara comunitario a partir de la familia y su relación con la comunidad, donde el sujeto está íntimamente relacionado a su familia, y ésta, a la comunidad, a partir de esto, no puede tomar decisiones ni organizar su trabajo, ni divertirse, ni rezar sino en relación a la familia y la comunidad. Las familias dentro de la comunidad tienen obligaciones, una vez cumplidas tienen derecho y potestad frente a las otras familias. El cumplimiento de los usos comunes como: encuentros religiosos, festivos, la capilla, cementerio, cancha de futbol, escuela y plaza, hacen participes de decisiones conjuntas; cada familia tiene obligación de cumplir con las tareas y trabajos conjuntos para mantener servicios que prestan, de modo que, si no cumplen sus obligaciones no gozan de los servicios y son expulsados de la comunidad.  ¿A caso este hecho social no se debe a la ausencia del Estado en las comunidades?, el mero hecho que las instituciones y los servicios son propiedad de una comunidad implica que cada individuo cuida sus pertenencias. Albó llama mini Estado a una comunidad, por el mismo hecho de que hay una ausencia del Estado. Si todas las instituciones aymaras son ajenas al Estado, por lógica los comunarios se sienten propietarios de aquello, lo que obliga a cada uno de ellos a actuar comunitariamente, porque se siente que cada institución les pertenece, vistas las cosas así, el argumento de mini Estado parece evidente hasta aquí.


La comunidad es todo un mundo; describimos que, los aymaras tienen obligaciones con la comunidad, cumplidas tales obligaciones de diversa índole, adquieren derecho en las decisiones, como manejar la “república local” cuando le toque administrar. Según Albó hay un sentido rotativo de cargos en las estancias, zonas, comunidades, grupos de comunidades. Como a todos les pertenece todo, entonces, controlan todos a través de los consejos comunales. Esto representa para el autor una igualdad de oportunidades, pero el hecho de que sea considerado como una carga o “cargar una carga” deriva una vez cumplida el cargo en prestigio, porque se erogó gastos en la administración de la comunidad; la existencia civil y social, en este caso, deriva del cumplimiento de las obligaciones que la comunidad encomienda, como se ha visto también en el estudio de William Carter (1967) en la comunidad de “Irpa Chico”, precisamente en la comunidad de Viliroco, donde aquel que “no hubiera servido por lo menos de cabecilla, preste o camana todavía se le considera como un llokalla o joven inmaduro”, incluso de no ser oído: “después de todo él no es nada”. No es que sea una oportunidad en el sentido estricto del término como señala Albó, evidentemente el sistema rotativo de las decisiones comunitarias en el cargo de administración en la comunidad da oportunidad a todos, considero que, no simplemente es una igualdad de oportunidades sino una obligación para la adquisición de derechos sobre los bienes públicos. Las decisiones que se dan en una asamblea son consensuadas por todos los miembros, de modo que, el consejo en este caso decide. 


El autor también encuentra otras manifestaciones del comunitarismo, las fiestas religiosas, el sentido de lealtad, el papel de la comunidad en la redistribución de recursos vacantes, la organización residencial. “Pero en estos mismos aspectos en que se realza la comunidad reaparecen con frecuencia nuestra paradoja. A veces el egoísmo y la desconfianza se manifiestan con mayor viveza precisamente en las mismas ocasiones de comunitarismo”. 

Hasta aquí, el autor repasó las características del sentido comunitario, sus instituciones. A partir de esto se enfoca en describir y estudiar al aymara individualista. Dentro de un grupo o comunidad existe una presión, lo que produce una agresividad reprimida que desemboca en envidia y desconfianza según Albó. 


En el campo político el autor estudia el individualismo a nivel intracomunal, donde establece los siguientes ejemplos: Nombramiento de cargos, asambleas, distribución equitativa de beneficios entre todos los miembros de la comunidad. Asimismo, estudia el individualismo en las instituciones de reciprocidad, donde existe una yuxtaposición sincronizada de individualismos, intereses en el ayni, mink’a mercantilizado, waki, como forma de contrato donde uno solo aporta el capital y vive sin colaborar, asambleas donde existen multas, dependencia de otros grupos en el trabajo comunitario y agresividad entre familias. Hay una cualidad individualista dentro del sentido comunitario según el autor y es el individualismo de grupo, donde un grupo dentro de la comunidad comúnmente suele resolver “muchas veces la tensión entre individualismo y comunitarismo por medio del individualismo en grupo”. En la misma comunidad existe un sinfín de intereses particulares y grupales lo que no son desconocidos. Además de esta cualidad en el sentido comunitario, el autor menciona el aymara faccionalista. Concluye que “el comunitarismo ha nacido de intereses particulares. Gracias a la coordinación  acumulativa de estos intereses, se va forjando ciertamente algún comunitarismo. Pero el germen original subsiste. Por eso hemos hablado de individualismo de grupo”. Como se observa, dentro de los miembros de la comunidad existe intereses particulares lo que provoca con otros intereses de la misma índole una complexión de intereses que deriva en el comunitarismo. 


Si ese es el origen de una facción en una comunidad, existen niveles de faccionalismo a nivel de la organización social, como dos o más comunidades colindantes claramente definidas como unidades distintas, dos facciones de una misma comunidad, grupos de comunidades que litigan un lindero. Los motivos son acceso a recursos naturales, políticas, religiosas, relación con los ex patronos y motivos poco influyentes en un faccionalismo, como el conflicto generacional en una comunidad y factores limítrofes.


La subdivisión de comunidades es producto del faccionalismo, en esto hay motivos competitivos, como cada comunidad quiere su propia escuela o quiere llegar a ser cantón para beneficiar y satisfacer sus necesidades, lo que también provoca una formación de nuevas comunidades. 


El autor estudia también las paradojas en las estructuras culturales, toma en cuenta como base la concepción dual del mundo aymara, que se muestra en el matrimonio de dos personas que pertenecen a dos familias, cada familia inicia en el mismo momento de unión una competencia de servicios. Este hecho social, dentro de la investigación de las prácticas rurales, se asemeja o reproduce en espacios urbanos en el momento del matrimonio, en la irpaqa (pedida de mano) o en el cabo de año. 


Pero el faccionalismo en muchos ejemplos o casos no está institucionalizado, de hecho, hay casos donde es institución, el autor plantea que la organización social por mitades es un ejemplo claro: ayllus con dos parcialidades y el enfrentamiento ritual o t’inkhu. Un análisis comparativo sobre el faccionalismo institucionalizado es la organización social planetaria, donde el autor identifica que una unidad regional aymara puede idealizarse como un sistema planetario, que presenta del mismo modo una paradoja de unidad y divisionismo en la misma estructura organizacional.


Se observa que el análisis de Albó hasta aquí parece muy generalizado, sin embargo, no se queda ahí, amplía las explicaciones del faccionalismo, individualismo y comunitarismo. Ampliando el horizonte, es el 5to. Capítulo del libro, en ella el autor, regresa a la misma tesis sobre el sentido comunitario: gestión conjunta de los asuntos comunitarios, en el sentido de ayuda reciproca. “La unidad se da sobre todo al nivel de pequeña comunidad. Pero incluso allí es ante todo la yuxtaposición sincronizada de intereses particulares, más o menos estáticos la que lleva a crear fuerte sentido de grupo. Por eso surge entonces un individualismo de grupo”. Como la cualidad inicial para el surgimiento del comunitarismo se da bajo esas características, de hecho, es que la existencia del individualismo está dada. Al enfrentarse intereses se unifican los grupos si coinciden los intereses, de lo contrario, se produce división y faccionalismo. La yuxtaposición de intereses particulares es una explicación del hecho que estudia Albó, pero agrega a esto los factores ecológicos y demográficos,  “Los valles son más fértiles que la puna por lo que hay también menos angustias. Pero el mantenimiento de la fertilidad supone constantes trabajos comunitarios para fines como conservar las acequias o levantar defensivos contra el furor de las torrenteras en la época de lluvias. Todo ello fortalecería el hábito de actuar juntos como garantía de sobrevivencia”. Esta explicación sobre las causas del comunitarismo en los aymaras también es sustentada por Jurgen Golte en “La racionalidad de la organización andina” (1980), las comunidades aymaras se encuentran situadas geográficamente en una zona andina, lo que hace que sus acciones sean coordinadas en un trabajo determinado por  “la desventaja inherente al medio natural que enfrenta el agricultor andino, el desarrollo limitado de la tecnología agraria y el poco uso de la fuerza animal o mecánica, encuentra su contrapeso en la utilización más prolongada de mano de obra en los ciclos de producción anual”.