Por: Ivan
Apaza-Calle
El profesor de historia y periodista, Gustavo Adolfo
Calle, vino rastreando durante buen tiempo, a los activistas de las plazas
cívicas, quienes se dedican al trabajo intelectual de difundir de forma sencilla
y didáctica la historia, el acontecer político y temas de religión. Su
inquietud de indagar durante varios años trajo un resultado: “Submundo de la política aymara” (2024),
testimonio que, según él, describe el no-poder y poder de éstos en
espacios no oficiales de la política. El autor se empapó en ese mundo, inició su carrera de analista político ahí. Documentó folleto tras folleto, copia tras copia, documentos relativos a la formación y carácter
ideológico de los activistas, pero lo más importante, sistematizó las
experiencias individuales a través de una serie de entrevistas a cada personaje de los
cuales fue recogiendo datos, mismos que le sirvieron para ordenar la
formación y el carácter de los intelectuales subalternos.
Gustavo tiene raíces aymaras, vivió debatiéndose entre
el indianismo y el marxismo, desde los cuales trató de entender a la sociedad
boliviana. Pasó por la experiencia de los debates en la radio Pachamama, cuyo
programa Jach’as entrevistaba a políticos e intelectuales junto a
Marco Alberto Quispe Villca. Podemos decir que, el debate y la comunicación fueron cualidades esenciales de su existencia desde ya. No sin razón el tema de
su investigación es el submundo de la política aymara.
Hablar frente a un conglomerado de personas era tomar el poder, y solo aquellos
sujetos conscientes de su condición social y política podían balbucear lo que
pensaban. Los “atrevidos” que denunciaban las injusticias de la vida social durante
el coloniaje y la república, eran castigados de manera ejemplar. Así la voz, como leer y escribir, estaban prohibidos. Aquella realidad para 1955 había cambiado; pronto, los aymaras que apenas balbuceaban el español, podían descifrar los códigos
del papel. Hablar, leer y escribir eran libertad.
Ahora, campesinos y obreros, participaban de la política,
pero no como sujetos políticos sino como colaboradores; el pongueaje político
era sostén de los nacionalistas y de la dictadura militar. Sin embargo, no toda
la política terminaba en el pongueaje, otros, como Felipe Quispe, El Mallku, decidieron
seguir el camino de la política soberana y cortar la mano tutora de los
criollo-mestizos. Aquellos indios que
adquirieron el verbo, escribirán la política subalterna con cada actividad de
protesta, de formación ideológica, sea en las organizaciones campesinas o en las
plazas cívicas.
“Submundo
de la política aymara”, retrata ese campo informal de la política. A diferencia
de “La rebelión en las venas. La lucha
política en Bolivia 1952-1982” (1987) de James Dunkerley, que estudia la
política en las esferas del poder y de la casta de la segunda mitad del siglo XX,
Gustavo Calle, toma lo microsocial como eje del cambio político, describe a los
que no son retratados por la academia y la historia oficial. Esto es importante
analizar, porque, aquello que llamamos como un hecho histórico y que lo
conocemos a través de los libros de historia, más resaltan las huellas de
personajes que no tienen relación con el “sub mundo” de una sociedad. Es decir,
los personajes que aparecen en la historia boliviana, pertenecen a las altas
esferas del poder, la “masa” que ejecuta aparentemente los ideales de estos
personajes son desconocidos. En sociedades que pasaron la experiencia de la
colonización, está claro que, la historia de los colonizados fue testimoniada
por los vencedores, y en ella aparecen los personajes que son descritos por los
historiadores. Se deja de lado las pequeñas e insignificantes acciones de los
desconocidos, que no tuvieron el apoyo ni los recursos para ejecutar sus
ideales. Parece romántico pedir justicia histórica y que, desde luego, no sirve de
nada, porque ya no existen. Pero los “insignificantes” hechos sociales en la
historia misma y que no es registrada, influyeron en la formación social
boliviana, tal es el caso de Julián Apaza Nina que, era un indio del
común, sin relevancia social antes del cerco, pero que supo articular todo el
descontento social de su época en una gran rebelión y que las huellas descritas
por sus enemigos, hoy es memoria oral y sirve como un personaje simbólico de
los movimientos sociales de corte histórico. Otro ejemplo claro, es el
movimiento de los caciques apoderados, que reclamaban tierras y derechos a la
educación en la primera mitad del siglo XX, ¿Quiénes eran éstos para semejante
aventura? Eran representantes subalternos; si bien tenían reconocimiento de sus
comunidades, en el campo político dominante, eran poca cosa.
Los activistas de las plazas cívicas, son parte de ese
submundo político que aparentemente no influyen en la política nacional y que
solamente se dedican a realizar p’axp’aqueria. Gustavo Calle demuestra todo lo
contrario, señala que, en aquellos debates se ejerce el intelecto de los
condenados de la ciudad, que durante toda la jornada están sumidos al trabajo físico
y mecánico; por lo que, esas montoneras se convierten en una vertiente de
ideas, que, de alguna manera, influyeron e influyen en los cambios
trascendentales del país.
¿Cuál el fundamento teórico para afirmar que el activismo
en las plazas cívicas influye los cambios políticos y sociales en el país?
Las descripciones de Gustavo Calle, se sustentan en
Michel Foucault, cuya premisa, “el poder y su aspecto relacional, descentrado y
que depende del ejercicio de los sujetos”, nos remiten a idear que el poder se
encuentra en todas partes, sea en las altas esferas políticas, así como en los
espacios en el que interactúan los subalternos, por tanto, (los fenómenos sociales
= a la red relacional de poder), el activismo en las plazas cívicas son
espacios para ejercer poder desde abajo. De esta capacidad de ejercicio del
poder, el autor desglosa, basándose en teorías, los siguientes: a) Intelecto público= Capacidad de pensar el poder que somete (aunque
no se da solo en el sometimiento, ya que la capacidad intelectual es una
naturaleza humana y donde se encuentre uno la ejerce), de este modo Intelecto Público
= Contexto ← Situación de dominación. b)
Contenido del discurso = Discurso como instrumento de denuncia que devela
el engaño (Gramsci) Discurso contra hegemónico. c) Efecto de la comunicación
practicada = La comunicación
interpersonal provoca una red o sistema que reconfigura sentidos de la gente.
A través de la comunicación interpersonal se provoca los discursos hacia otros,
por los textos, folletos a otros espacios, asimismo, por los mismos oradores. Agregaría,
además, que la comunicación interpersonal que se da en las plazas cívicas y por
la misma condición y discurso del emisor, que representa otra realidad, otra
información desde abajo sobre los acontecimientos, que las que se emiten en los
medios de comunicación masiva hegemónicas.
El otro fundamento tiene que ver con la complexión del
activismo político en la historia. Gustavo Calle, hace una breve revisión al
respecto, nombrando los espacios donde se debatían, como la rimay pampa, los
agitadores y propagandistas (caciques apoderados), los activistas políticos y
por último los sujetos políticos resultante de esa formación iniciática.
Más allá de este desglose teórico e histórico sobre el
ejercicio del poder que estudia Gustavo Calle, se deja de lado un dato
importante, que los mismos sujetos subalternos, que ejercían poder en espacios
informales, lograron ejercer el poder formal como diputados, tal es el caso de
German Choquehuanca, quien fue iniciante de los debates en las plazas cívicas,
y, aunque no directamente, el otro caso de la política fue Felipe Quispe Huanca,
asimismo, los intelectuales que fueron parte de los debates, en la actualidad generan opinión pública.
Entonces, el submundo de la política aymara, influye de alguna
manera en el campo político nacional.
Queda claro que, el libro de Gustavo Calle es esencial
para entender la política subalterna, más aun, en tiempos donde arrecia la
crisis política en los partidos, donde el discurso y las proyecciones
nacionales están ausentes. Vale la pena pues leerlo.
El Alto, 16 de marzo de 2024.
