domingo, 27 de abril de 2025

LA POLÍTICA PANFLETARIA EN BOLIVIA

 

Por: Iván Apaza-Calle

Imagen en base a la portada del libro "Panfletario" de Iban Zaldua

Un respetado historiador inglés, calificó a la historia política boliviana como la más conflictiva en la región sudamericana. En su estudio titulado “La rebelión en las venas: La lucha política en Bolivia 1952-1982”, James Dunkerley, concluyó que Bolivia tenía reputación por sus desordenes políticos, y que por su condición geográfica y su formación social particular era un país agitado por antonomasia.

La cultura política boliviana se constituyó bajo la estructura social republicana por los criollos y mestizos. Los legítimos o los que tenían derecho a ejercer el poder, eran estos herederos de la estirpe española, a lo sumo, los indios solo podían cumplir el oficio de fuerza bruta que definía las batallas y enfrentamientos políticos, ejemplos claros son: los 15 años de lucha de independencia, la alianza entre José Manuel Pando y Zarate Willka para vencer a los conservadores del sur a la cabeza de Fernando Alonso, la alianza obrero campesino dirigida por el MNR en la revolución nacional, el pacto militar campesino... En estos episodios históricos el indio solo aparece como masa votante y fuerza bruta, que no decide su destino político por sí mismo y para sí mismo.     

En gran parte de la época republicana, los indios, al no ser los sujetos de su propio destino, al estar mantenidos en la opresión y limitados en sus acciones, a pesar de que los mismos tuvieran la capacidad de elegir por su misma condición humana, por distintas circunstancias, no administraron el poder de decisión a nivel político.

Los indios vivían bajo ese esquema cultural político que no era nada positivo para su libertad, de hecho, tenía vicios sectarios, caudillistas que más beneficiaban a una minoría y perjudicaba a la mayoría de la población autóctona. No es casual que el filósofo Guillermo Francovich alejado de ese escenario, escribía sobre la visión pesimista de Alcides Arguedas sobre la política boliviana, que “…las actividades políticas están subordinadas en el país a las ambiciones y apetitos personales. Los principios y los programas políticos no son sino máscara con que se disfrazan los intereses subalternos de grupos o individuos. Las armas con que se emplean en la lucha no son los méritos o la capacidad de las personas sino la habilidad para el asalto del poder o para el engaño de las multitudes abúlicas y desatentas”. El carácter de la cultura política en la actualidad, no está lejos de esa tradición sino empapado, es decir, no hubo cambios ni superación de ese modo de hacer política.

El carácter de la política boliviana, no es una excepción, sino que también ocurre en otros escenarios nacionales e históricos, pero lo que sí falta, cuánta falta hace, es el debate de proyectos nacionales, de la lucha de ideas para indagar hacía dónde siempre vamos como sociedad plural. Las redes sociales a diferencia de otras épocas evidencian toda esta tramoya de insultos y calumnias, de sus actores y seguidores, que no tienen responsabilidad con el país, porque mascullan ideas entusiastas empecinados al gallo, que no conducen a nada sino al hundimiento de los pobres a la miseria ¿A caso no hay una conciencia con lo que se dice o se acabó en el fanatismo extremo que más parece ser las repeticiones de una alma encadenada?

¿Qué nos espera? ¿A caso es una época de melgarejos, de García-mesas, de Añez, de Alcibiades, de nerones que conducen a la sociedad al abismo? Sí. Con semejante escenario político, no se puede esperar nada positivo para las manos callosas y rostros pétreos. Toca a los sujetos racializados reflexionar sobre su condición y su destino político. No se trata simplemente de apoyar, a fulano y mengano, ni mucho menos repetir la manera de hacer política de los políticos tradicionales que dominaron el país desde su fundación, y que hoy siguen con la misma parafernalia discursiva, más al contrario, es necesario hacer las cosas de distinta manera, donde se debata proyectos de país, ideas, maneras de ver la sociedad pluralista, plantear soluciones a problemas concretos escuchando a los especialistas que contribuyan a salir al país del fango del subdesarrollo. Se necesita el debate de ideas políticas; en vez de decir “doble cara” y traidor, urge reflexionar propuestas de proyectos políticos de aquí a veinte años.

El predominio de la panfleteria, de las calumnias, de las acusaciones sin sentido, es efecto de la manera de pensar de la clase política frente a determinadas situaciones. La acción comunicativa, entonces está obstruida por las pasiones fanáticas que anulan la comunicación y la compresión. Muchas de las características tozudas de la clase política boliviana responde a sus orígenes, refleja, de hecho, el carácter emotivo con que interactúa la sociedad boliviana. Aún no se maneja el estoicismo de Marco Aurelio. No se aprendió de las derrotas del pasado, ni se reflexiona, el por qué el inka Atawallpa cae frente a Francisco Pizarro o las causas del fracaso de la revuelta de Tupak Katari y Bartolina Sisa frente a los chapetones españoles, ni mucho menos, la derrota del Temible Willka. Esta misma realidad en el presente produce la decadencia de la política, su desorden y por supuesto, ser considerados como un país agitado por antonomasia.