Ivan Apaza-Calle
Los últimos acontecimientos sociales y políticos en Bolivia, especialmente la crisis de 2019, han demostrado la vigencia de muchos problemas como el racismo, la anulación de los símbolos históricos de aymaras y quechuas como la wiphala, sus personajes históricos como Tupak Katari y Bartolina Sisa, y la pretensión de los partidos políticos de derecha de regresar a la república monocultural, dejando de lado la esencia plurinacional del Estado.
Los
viejos políticos indianistas, que anteriormente habían llevado el discurso a
instancias macrosociales y políticas, han desaparecido, pero su legado
ideológico se encuentra estancado, que muy bien, la nueva generación de
indianistas puede rearticular, poner al debate y en la opinión pública, sin
embargo, los grupos de activistas e intelectuales están desarticulados y por
consiguiente, sus acciones no son suficientes para tomar una posición y
presencia en el mundo político.
Esta
desarticulación de los movimientos indianistas, demuestra la crisis y parálisis
ideológica, que conllevan confusiones, hasta contradicciones en el discurso
político ideológico y por consiguiente en las acciones políticas. Estas
falacias discursivas se han presentado en una publicación informal de un
miembro del grupo Jichha, colectivo que realiza reflexión política en Bolivia.
En
un post en Facebook el 23 de enero, el autor de “Submundo de la política aymara”, Gustavo Adolfo Calle (profesor e
intelectual de la nueva camada de indianistas), lanzó en su perfil un texto de
más de 300 palabras, con el motivo de celebrar el ingreso de Pedro Portugal
Mollinedo a esferas públicas en el gobierno de Rodrigo Paz. Portugal fue
director del desaparecido periódico Pukara que publicaba artículos de opinión y
ensayos sobre la política de los indios. Lejos de aquella celebración, lo
interesante de aquella publicación, radica en las ideas que lanza con
referencia al indianismo y la libertad. En esa medida, es necesaria la reflexión,
precisamente por el eje de la libertad en el que se construye el indianismo
como ideología política.
Gustavo
Adolfo, ha definido que la libertad, no es la libertad del liberalismo “formal y abstracta”, sino otra
concepción, que recae en la “libertad del
individuo colonizado”, “una libertad
que busca acabar con la imposición subjetiva de la colonia”, pero la
libertad al que se refiere o da a entender, se funda en “lo individual”, es
decir, que el colonizado busca la “libertad
sustancial”, y además “concreto”.
En
esa comprensión, Gustavo, olvida que el individuo
colonizado es producto de la colonización, que tiene raíces históricas. Y
pone el problema del indio como un asunto meramente individual. Si fuera así,
el problema desaparecería cuando el individuo colonizado estuviera bajo tierra.
Si llevamos el debate a un tema generacional desaparecería con la generación
que aconteció esa situación, y no se mantendría como una estructura social de
larga duración bajo el cual interactúan otras generaciones.
La
libertad sustancial, como entiende Gustavo, no descansa en la libertad colectiva
sino en individual.
Si
las relaciones sociales están impregnadas de diferencia y distinción en la
actualidad boliviana, el “individuo libre”, aun interactuaría bajo las
relaciones coloniales. El problema de la situación colonial no solo implica al
colonizado sino también al colonizador. El planteamiento A + B = C, nos remite
a la existencia del colonizador más el colonizado y por consiguiente la situación
colonial. El colonizado no existe por arte de magia, sino su existencia la
fundó el colonizador; que el colonizado se despoje de manera individual, no
implica la anulación del colonizador, ni de las relaciones coloniales bajo el
cual, en tanto estructura de interacción, remiten a los colonizados a una
determinada manera de interactuar aun cuando este sea un ex colonizado.
Hemos
indicado que la interacción del “individuo libre”, no implica la anulación de
las relaciones coloniales, ni mucho menos del colonizador. Así el indianista al
ser conocedor de estas relaciones de dominación, desde su postura política, critica,
denuncia la desigualdad social, el racismo, llevando este problema al debate en
la opinión pública e intentar concientizar a la gran masa social en el cual
está inmerso, lo que no quiere decir que al ser un conocedor es libre.
Gustavo
Adolfo, más adelante señala que: “El
indianismo si algún dogma tiene es el de la libertad del sujeto colonizado”,
aquí la concepción del indianismo bajo el eje de la libertad, aparece reducido
meramente a la libertad individual, es decir del sujeto colonizado y no así a
un problema nacional como concibe el indianismo.
El
problema del colonizado o indio, no se lo puede asumir de manera aislada como
un problema psicológico, porque al ser un sujeto social cuyas estructuras
sociales determinan su interacción, su modo de existir, es parte de un sistema;
el problema no solo es él y no termina con su libertad sino el asunto va más
allá de su individualidad.
El
esquema “teórico” de la libertad de Gustavo Adolfo, remite a pensar que el
indianista como sujeto político, pueda interactuar de manera distinta a los
principios del indianismo y su lucha anticolonial. Así para el autor de “Submundo de la política aymara”, “hay indianistas que en su libertad pueden comulgar
con principios de derecha o de izquierda, militar en cualquier partido o
finalmente no hacerlo”.
Para
responder a esta última idea de Gustavo Adolfo, que nos invita a entender la
relación del indianista frente a los demás partidos y corrientes políticas, hay
que plantearnos la siguiente pregunta: ¿Por qué las ideologías políticas como
el liberalismo, la izquierda y el nacionalismo revolucionario no tuvieron como
eje ideológico la liberación del indio? Porque la política formal era solo para
una minoría que oprimía a los indios, así el liberalismo, la izquierda y el
nacionalismo no tuvo ni tiene como eje ideológico la liberación del indio.
Desde
la misma fundación de la republica boliviana, los indios estuvieron excluidos y
racializados por los criollos y mestizos, la participación de los colonizados
en la política del nuevo país, fue nula, a no ser como fuerza bruta empleada
por los políticos. Si observamos la experiencia de la denominada guerra
federal, entre liberales y conservadores en 1899, los indios solo fueron
instrumentalizados como fuerza de enfrentamiento contra los enemigos políticos
de quienes dirigían y detentaban el mando. Ellos no eran sujetos políticos
(Condarco, 1983, Mendieta, 2010).
En
la revolución nacional de 1952, los serviles que habían quemado las haciendas,
ahora estaban sindicalizados y adquirían nuevas fuerzas sociales a nivel
nacional, y a pesar de los cambios estructurales en las jerarquías sociales de
las comunidades en el altiplano y en los valles (Carter, 1967, Dandler, 1983), constituían la gran masa campesinos que
conformaban milicias que defendían la revolución, pero que otra vez no eran los
sujetos políticos, por ello cualquier fractura partidaria en la elite política
afectaba su unidad como refleja el estudio de X. Albo (1979) en “Achacachi: medio siglo de lucha campesina”.
En
la misma época del militarismo, posterior al gobierno nacionalista, que muy
bien James Dunkerley (2003) en “La
rebelión en las venas. La lucha política en Bolivia 1952-1982”, demuestra que
la participación de los indios en las esferas del poder militar fue nada, pero
si como aliado estratégico de fuerza para anular a los nacionalistas y a la
izquierda boliviana (Soto, 1994).
Como
se observa, los colonizados en los partidos políticos y en la política no son
los sujetos que determinan las decisiones sino son relegados a cumplir las
acciones. Este mismo rol de los indios en la política, fue duramente criticado
por Fausto Reinaga en “La revolución
india” (1970) obra primigenia del discurso político indianista.
El
carácter del espacio político en Bolivia y de los mismos partidos políticos que
interactuaban en busca del poder era colonial. Así sea el liberalismo, la
izquierda y el nacionalismo durante el siglo XX, responden a una lógica de
racialización. Peor aún, en sus principios políticos el problema del indio no
es la liberación.
En
ese sentido, el ingreso de los indios a la escena política, como sujetos
políticos se da recién a partir de la década del 60 del siglo XX, como
consecuencia de los cambios estructurales de la revolución nacional, antes de
este hecho, los denominados indios estaban absorbidos por su condición servil
en las haciendas, lo que implica que, no podían articular un partido político
propio, ni ingresar a la carrera electoral.
Entonces,
la tradición de la actividad política formal en los indios, no tiene mucha
data, de hecho, los testimonios de muchos actores como Felipe Quispe Huanca,
que describió su ingreso a la política en el libro, “El indio en escena” (1999), asimismo, el testimonio de Luciano
Tapia “Ukhamawa jakawisaxa (Así es
nuestra vida) Autobiografía de un aymara” (1995) muestran las primeras
experiencias políticas de los indios, donde se enfrentan a las reglas de juego
del mundo político, con muchos tropiezos que terminarán en la decepción en
muchos de sus militantes.
¿Qué
tiene que ver este proceso político con las ideas de Gustavo Adolfo? Es simple.
La genealogía de los partidos políticos de derecha e izquierda en Bolivia,
poseen un carácter colonial, pero a la par, reproducen la lógica colonial al no
asumir en su dirección al indio como sujeto histórico sino solo como
instrumento, de ahí que, el indianismo asume que el indio debe construir su
propio instrumento político para su liberación.
El
indianista en la concepción de Gustavo Adolfo, es un ser libre de toda
imposición, asimismo, libre en todas las condiciones humanas, que pueden “comulgar con principios de derecha o
izquierda”. Todo lo contrario es el ortodoxo. Pero cae en una equivocación,
más por la visión pragmática que propugna en el fondo, ya que, en todo caso si
comulgara el “indianista” en la derecha o izquierda, dejaría de serlo, porque
uno de los principios del indianismo es su lucha contra la izquierda y la
derecha, porque no responden a la resolución de su problema político, ni tiene
como eje articulador la liberación del indio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario